viernes, agosto 18, 2006

Ejercicio para escribir

Es algo bueno que cada año haya más libros escritos. Es algo bueno que los weblogs se hayan popularizado. Es algo bueno que el ser humano se dedique a comunicar con algo más de consciencia que la que se pone en una conversación normal.

Más que nada porque es un recordatorio constante de que todo el mundo tiene algo que decir.

Cada cual, con su porción de este infinito pastel que llamamos vida, atesora una serie de cosas que son diamantes en bruto. Y creo que es natural intentar compartir esa riqueza interior, aunque sea de la manera de un comentario casual sobre el partido del domingo o de un comadreo cualquiera sobre un famoso de turno. Cada palabra es una invitación a conocer a la persona que la alumbra.

Y un blog, como un diario, es una manera de ver fotografías de uno mismo en diversas situaciones, sin llegar casi nunca a un hilo conductor que las una y que sea más fuerte que la autoría del mismo fotógrafo.

Me gustaría conocer a los buenos fotógrafos que tengo enlazados y de los cuales solamente tengo instantáneas. Pero bueno, paciencia.

lunes, agosto 07, 2006

Lo que hacemos en la vida tiene su eco en la eternidad.

En una triste y hermosa entrada, Imperator rinde homenaje a un amigo suyo que ha muerto recientemente. Poco más se puede decir que no haya dicho él. O a mí no se me ocurre.


Al navegar por el océano de la vida nuestros barcos van dejando una estela. Muchas veces no somos conscientes de que el hecho de que estamos aquí hace al universo diferente. Nuestro barco mueve el océano y el océano mueve al barco. Las gotas de agua que acariciaran una lejana playa al otro lado del mundo serían distintas a las que lo acarician ahora si ese barco, perdido en la inmensidad, no estuviera donde está y avanzando como avanza. Cada onda, cada remolino, cada diminuta resaca que creamos al navegar llega hasta los confines del océano, los atraviesa y vuelve; y afectan al resto de barcos, al resto de peces, al resto de granos de arena de las playas, al resto de moradores de los mares.

La inmortalidad existe, y su esencia es la que acabo de describir.

El mismo Imperator, en otra hermosa entrada, hablaba sobre la muerte y decía que, llegado un momento, todo lo que él ha sido, todo lo que ha hecho, todo aquello que ama y odia, todo lo que le rodea habrá desaparecido para siempre. Y es cierto. En esta travesía a través de las aguas no nos espera ningún puerto como el que hemos dejado atrás. Nuestro barco se hundirá hasta el fondo, los peces y los microorganismos lo corroerán y lo desintegrarán; todos aquellas personas que hayamos conocido en nuestra singladura morirán, y con ellas morirá también el recuerdo. Al final no quedará nada de lo que somos, de lo que fuimos, o de lo que seremos.

Pero algo permanecerá para siempre: las huellas que hemos dejado en la superficie del océano en nuestro viaje, aunque nadie pueda verlas. Pero eso tampoco importa.

El universo es como es porque nosotros estamos aquí.
El universo será como será porque nosotros habremos estado aquí. Aunque no haya nadie para recordarnos.